En el estudio participaron más de 6.700 personas que tomaban warfarina para tratar coágulos sanguíneos en las venas (tromboembolismo venoso) o prevenir coágulos por fibrilación auricular, junto con dosis bajas de aspirina.

A continuación, los investigadores pidieron a los médicos de atención primaria de los participantes que revisaran si sus pacientes tenían una razón específica para tomar aspirina y, en caso negativo, que hablaran de dejarla.
La aspirina aumenta el riesgo de hemorragia, sobre todo si se toma con warfarina. Por ello, las directrices actuales recomiendan dosis bajas de aspirina sólo para determinadas personas, principalmente las que ya han sufrido un infarto.

Entre las personas que no la necesitaban, el consumo de aspirina se redujo en un 47%. Durante los dos años que duró el estudio, el riesgo de complicaciones hemorrágicas se redujo en un 32% entre quienes dejaron de tomar aspirina.
Los hallazgos, publicados el 1 de septiembre de 2022 en JAMA Network Open, refuerzan la importancia de hablar con el médico sobre si se debe empezar o dejar de tomar aspirina en dosis bajas.



